
Qué se puede esperar de un día que comienza con tener que levantarse , lei algún día en el manual del pesimista. Y es tan cierto a veces, que uno piensa que lo mejor sería seguir en esa pequeña muerte que es el dueño, viajando por mundos generalmente incomprensibles, pero la costumbre de estar vivo grita que es hora de tomar la forma física y emprender una vez más la ardua tarea de respirar conscientemente y mover músculos y comenzar nuevamente a tomar mil decisiones, desde qué pie poner primero sobre el suelo hasta que pedir en el almuerzo. Nada está hecho y preparado, es necesario construirlo con palabras y con actos, incusive el dejar que las cosas pasen solas representa una determinación que afecta a otra,una cadena internimable de sucesos. Y no hay salida: haciendo, deshaciendo, diciendo, callando, hacia la izquierda, hacia arriba, ya mismo, más tarde... igual da, y uno siempre está metido en el asunto.
Entonces obligados por esa fuerza poderosa que no sabemos entender (y así es mejor) iniciamos a gastarnos los minutos de ese día, que igual trascurren sin nuestra presencia, es una guerra perdida de antemano. «Decidimos» vivir una mañana más, bajar los pies en el cuadro menos frío, tomar las pantuflas de debajo de la cama y rascarnos tres veces la cabeza, quizá después nos terciemos la toalla y fallemos que lo mejor es orinar primero.
Caminamos por el lado derecho, nos apoyamos en este mueble o en el otro, depronto nos da por mirar por la ventana ... luego viene pensar en si será suficiente el tiempo de cepillado de los dientes, y si el enjuague es completo con dos buches de agua o debemos sumarle uno más.
Debajo de la ducha todo llega por miríadas, las cuentas, las discusiones, los proyectos, lo que no hicimos, lo que hicimos, lo que nos gustaría, la hora, la llamada, la visita. El deseo de mandar todo al demonio y solo son la 6 de la mañana.
Nos secamos y quizá sólo ahí nos percatamos del momento, del lugar, de nuestro cuerpo que parece no ser como queremos.
De vuelta a la habitación uno se sienta en la cama con la toalla a la cintura, observa el desorden que seguirá allí si no hacemos nada y seguimos decidiendo qué hacer y cómo. Es como para volver a dormir y perderse nuevamente, pero sólo es el comienzo del camino, sigue la búsqueda de la maldita ropa que siempre es fea, incómoda, impropia o esta sucia... y ni siquiera es lunes o hay resaca, y miramos la camisa, la volvemos al derecho, la apoyamos en las piernas, miramos al oscuro cielo raso y comenzamos a arrugarla con algo que está cerca de la furia, miramos a la izquierda, levemente, y allí están esos zapatos pordioseros en los que uno se refleja y reconoce. Entonces nos votamos de espaldas en la cama como trapecistas que caen en la red y lloramos porque nadie nos entiende y nada pasa.
5 comentarios:
bien bien
Oye, bien. Sabes lo que es eso.
que buena pagina te felicito cesar
que buena pagina te felicito cesar
Wow, está excelente, excelente.
Es increíble -mas no imposible- el hecho de poder pensar y escribir eso que se piensa sin más demora ni dubitación que la que nos impone el tecleo de la computadora o el sigiloso rasgar de la pluma contra el cuaderno.
Muy bueno, felicidades.
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